19 de septiembre de 2019
La tapa es rosa nena y la contratapa también
Tiene unas feminísimas manos haciéndole un moño en el pelo enrulado.
La han esperado con ternura, se nota clara y amorosamente que es así y además supieron claramente que era nena y que lo de los nenes corresponde que esté en otro sector de la vidriera y seguramente de la vida misma.
Y entonces el cuarto es rosa y las paredes y la alfombra y los juguetes también.
Y las pequeñas manchas celestes deben ser tapadas por la mano paterna (la mujeres no hacen eso de meter la mano en un tarro de pintura) y sufrirás como está mandado porque no podés elegir muchos otros colores que no sean rosa, ni en la escuela ni en los sueños.
Hasta que…
Una escena saturada de un color que intenta construír contra la libertad individual, contra lo que pueden llegar a ser sus elecciones; básicamente para condicionar su voluntad para cuando despierte.
“Rousmeri”, el primer trabajo de Silvia Katz como autora integral, llega a proponer una mirada novedosa, una biografía bien femenina y bien feminista.
Sin embargo hay un detalle para nada menor y que es el siguiente componente de este libro magnífico: es un libro silente (sin texto) pero con una voz muy potente. Verdaderamente de las imágenes surgen las melodías de fondo, los tonos de euforia y de furia (cada una a su tiempo) que se insertan deliberadamente, con altura y tempo perfecto, en cada página.
Conocíamos a Silvia de su trabajo como profesora del Taller Azul en la lejanísima (para nosotros) Provincia de Salta donde hace maravillas con los chicos.
Esta etapa la encuentra integrando el colectivo “Allá ellas” que ha desarrollado cuatro libros, uno más lindo que otro, de los que iremos dando cuenta por acá mismo y que aún con su trayectoria y conocimiento ha requerido del apoyo y guía de cuatro consagrados artistas nacionales: Diego Bianki, María Wernicke, Daniel Roldán y Juan Lima.
De lectura para nada complaciente, ni livianita ni rápida.
Para leer atentamente, en clave tan artística como social.
Y mirarte al espejo luego, claro.
Roberto Szmulewicz, Librería "El Profe" (Dina Huapi / Río Negro / Argentina) - Premio "Pregoneros 2019".
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Camuzzi paga la TISH con la nuestra
En "Letra chica" desarmamos la factura de gas que nos llega a cada vecino porque entre códigos y abreviaturas se esconde una avivada empresarial que golpea directo al bolsillo en un momento donde no sobra absolutamente nada.Se trata de una maniobra de Camuzzi Gas del Sur para sacarse de encima sus costos fijos y trasladárnoslos de prepo a los usuarios quienes, además, somos cautivos.
El eje de este análisis pasa por el cobro de la TISH (Tasa de Inspección, Seguridad e Higiene), tasa municipal que grava las actividades comerciales, industriales y lucrativas en general, pero que no incluye el consumo domiciliario.
En este caso, Camuzzi debe pagarla por tener oficinas y operar comercialmente. Sin embargo, la distribuidora privada decidió que lo que les corresponde pagar como empresa, lo absorbamos nosotros.
Solo en San Carlos de Bariloche, Camuzzi abastece a unos 50.000 usuarios. En toda la provincia de Río Negro, la cifra asciende a aproximadamente 230.000 usuarios entre residenciales y comerciales.
A nivel general, la empresa opera en toda su zona de concesión del sur argentino sumando más de 664.000 clientes, y supera los 2.213.000 usuarios en el total de las siete provincias donde presta servicio.
Hagamos un ejercicio simple: multipliquemos esos números por el importe que abonamos de TISH en cada boleta. El resultado: una verdadera caja millonaria que pagamos nosotros y abulta considerablemente las ganancias de la empresa. Eso si, mientras la distribuidora le niega sistemáticamente la conexión de gas a miles de familias barilochenses desde hace años bajo el eterno argumento de que "no hay factibilidad técnica" o que "la red está saturada", la empresa no tiene problemas de infraestructura cuando se trata del poder.
P/Roxana Arazi
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