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ENTREVISTAS

20 de mayo de 2021

“Nunca, en 32 años de médico, vi ni imaginé lo que estamos viviendo”

Hay ocasiones en las que demoro en transcribir las entrevistas que realizo en radio. No ocurre sin motivo. La mayoría de las veces - no siempre - es porque me cuesta volver a escuchar testimonios que al aire me generaron angustia, desesperanzas, congoja… O porque espero - sobre todo en estos tiempos de tanto dolor -, que al finalizar el programa, la realidad relatada por los protagonistas de esas historias, se haya modificado para bien y me produzca alivio escucharlas. En este caso, la situación no mejoró y entonces, pasados unos cuantos días desde que conversé con el Dr. Pedro Zanardo, Jefe del servicio de Cardiología del Hospital Zonal Bariloche, recién hoy puedo compartirla.... Escuchar acá:

Una  de esas entrevistas sobre la que hasta hoy no pude escribir nada, fue la que realicé al Dr. Pedro Zanardo, Jefe del Servicio de Cardiología del Hospital Zonal Bariloche, en el Café a la Turca del 19 de mayo pasado. En esas horas, en esos días previos y posteriores, las estadísticas de contagios y muertes en la Argentina, y en Bariloche en particular, eran alarmantes (y lo siguen siendo…), a pesar de las nuevas medidas de protección (bien digo: de protección) dispuestas por el gobierno nacional a partir del 22 de mayo último y vigentes, en principio, hasta el 31 de este mes.

En diciembre de 2020, el Dr. Zanardo había publicado en sus redes sociales que “la salud pública en Río Negro es inviable como está planteada”. Y sobre eso conversamos en ese programa, pero luego de querer saber cómo se encontraban él, sus colegas y el personal de salud en general, en el marco de esta pandemia por Covid-19, algo que es sabido pero que parece poco importarle - o nada - a quienes siguen exigiendo que se liberen todas las actividades, a los que pregonan que es todo una mentira y a quienes violan toda normativa vigente en pos de sus “libertades individuales”. Esos a quienes, en la cuota de irresponsabilidad que les cabe,  les debemos miles de muertos…

Sentimos  mucho cansancio, mucho estrés; estamos tensionados” expresó el médico, aclarando que ese último término es “un eufemismo para decir que está todo mal”. Todo mal; pero  así y todo, complicados y exhaustos, aclaró: “la vamos llevando”. En su relato personal escucho a cada uno de los trabajadores de salud pública y privada. Logro imaginarme un día en ese “frente de batalla”, en esa “línea de fuego” que supimos aplaudir como forma de reconocimiento a la entrega de esas personas que nos cuidan, pero sólo durante el primer año de pandemia... Luego, con el correr del tiempo, ya no hubo más aplausos, ni reconocimientos en redes y mucho menos sueldos recuperados acorde al ritmo de la inflación. Algo que reclaman desde hace tiempo y que estuvo a punto de dejar al sistema hospitalario de Río Negro, sin jefaturas de áreas.

Tengo 32 años de médico y nunca ví ni imaginé vivir lo que estamos viviendo”, expresó el Dr Zanardo. Nadie de nosotros imaginó que viviríamos una pandemia con estas características de alto contagio y letalidad. Pero ellos, los trabajadores de salud, están expuestos a la muerte en todo momento. A las suyas, con ese temor que debe ser complicado de sobrellevar en medio de un trabajo del que depende la vida de los demás, y a las de los pacientes que saben que ingresan a una guardia, pero que no saben si algún día saldrán con vida…

Como él que asegura que amanece y pone su “mejor actitud”, todos los trabajadores del sector lo hacen.  Actitud. Y conocimientos, dedicación, horas eternas de trabajo. Amor. Estoy convencida que sin  verdadero amor al prójimo, no hay forma de ir a enfrentar esas postales descoloridas, imagen con la que logro apenas describir las salas repletas de seres humanos que luchan por sus vidas.

Los equipos de salud amanecen después de dormir poco y nada, porque el sueño interrumpido por el estrés, la angustia y otros síntomas que se fueron agudizando en muchos de los trabajadores que tienen que velar por nuestra salud, también es una característica de estos tiempos. Actitud, sí, “pero cada día va ganando el virus (SARS-CoV-2) holgadamente y eso nos genera situaciones de agotamiento físico, mental y anímico que es manifiesto en cómo  va cambiando la relación interhumana y el vínculo aún entre los mismos trabajadores”, confiesa Zanardo.

Es que, sin dudas, y tal como lo expresa “es muy difícil de sobrellevar; uno sabe que aunque haga lo que haga, esos vecinos, amigos, pacientes van a morir”. No todos. La mayoría transitan la enfermedad con pocos síntomas o tratables. Lo sabemos. Pero Zanardo  se refiere a  esos vecinos que mueren, casi  anónimamente, porque en Bariloche no hay una despedida a la altura de  las circunstancias por parte de las autoridades que conducen los destinos de esta ciudad y porque los familiares de esas víctimas de la Covid-19, son notificados que, una vez cruzada la barrera de la guardia, no van a poder tomar contacto alguno, ni siquiera para despedirse amorosamente. Recibirán la noticia de la pérdida de un ser querido, en las propias palabras del médico tratante en ese momento, función que también les es indelegable… Y nadie quiere escuchar que no podremos ni siquiera velar a nuestros difuntos.

¿Existe algún equipo de profesionales de la salud mental para que sean ellos quienes transmitan esas noticias que golpean desamoradamente las almas?, le pregunté. “No”, fue su respuesta. “Es nuestra responsabilidad anunciar las muertes de los pacientes”.

¿Y quiénes los sostienen a Uds?, tienen contención psicológica entonces, me animé a consultar y a afirmar. “El equipo de salud mental del hospital (público) nos brinda apoyo a demanda, está disponible para hacer terapéutica cuando necesitamos, para  poner la oreja”, expresó agradecido. Pero también nos confió que días atrás en diálogo con un psicólogo amigo, se enteró que además de la necesidad de llorar periódicamente como una manera natural de descargar angustias, es saludable “cantar, porque es una muy buena forma también de desahogarse”. Así es que “quien tiene la posibilidad de cantar, que cante” recomendó a la población porque al igual que “llorar cuando la situación lo amerita, cantar se vuelve desahogo”. Aunque para el Dr Zanardo, “el mejor desahogo se encuentra  en la almohada”.

Lo escuché y me estrujó el alma. Volví a imaginar una situación. Los trabajadores de la salud, que regresan a sus hogares con temor también de contagiar a sus familias, cuando logran llegar a sus camas para descansar, ¿descansan verdaderamente o lloran?. Muchos lloran. Y no siempre cuando apoyan sus cabezas en las almohadas…

La otra vez estuve en un zoom con compañeros de trabajo y el 80 % de los que pidieron la palabra lloraron en la comunicación. Se quebraron. Eso nos da un parámetro del estrés, la tensión y la angustia que implica nuestro trabajo en estos momentos”. La entrevista continuó; hablamos de la inviabilidad de la salud pública en Río Negro tal como está planteada desde antes de la pandemia, con un modelo que fue exitoso y ejemplar  allá por los años 70 y siguientes, pero que no avanzó, no se reestructuró acorde al crecimiento de la población y de las demandas en salud; hablamos también de los males de estos tiempos,  muchos de ellos producto de una alimentación saturada de sal (el Dr. Zanardo es cardiólogo, y se nota que le apasiona su especialidad!!) y también conversamos sobre la tristeza en los corazones. De ellos, como trabajadores en la “primera línea de fuego” (que sigue sonando como reconocimiento pero que no se traduce en los hechos concretos de salarios y condiciones de trabajo a la altura de una pandemia), y de los corazones de la población; de nuestros corazones, encerrados de a ratos (porque no es verdad que hayan decretado confinamiento), pero a los que les pesa más que nada, esas ausencias de abrazos, de mates compartidos; de encuentros entre amigos; de soledades inesperadas;  el miedo a la muerte de nuestros seres queridos y también, por qué no confesarlo, a nuestras propias muertes…

Por favor, tenemos que seguir cuidándonos para que esto pase pronto”, pidió el Dr. Zanardo antes de despedirse. Y en ese por favor, había un ruego  implícito que aunque él mismo no haya querido plantearlo como tal, se vuelve imprescindible cuando algunos deciden que sus acciones son más importantes que la propia vida y la de los demás.

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Dedicado a  los profesionales y no profesionales del sistema de salud público y privado, especialmente de Bariloche, quienes todos los días amanecen con “actitud” para salvarnos la vida.

Roxana Arazi.

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