Nos rompen por dentro...
En medio de un clima social que está haciendo estragos y que se deteriora a pasos agigantados, la violencia entre pares, así como la demostración de odio, —bien digo, entre pares: vecinos, compañeras y compañeros de trabajo, en la familia, etcétera— y también entre no pares, son cada vez más frecuentes. El lazo social se empezó a deteriorar hace ya un tiempo y en estos momentos podría decirse que se encuentra en un punto peligroso. Porque no vemos al otro o a la otra como un semejante, sino como un enemigo o una enemiga.
En la letra chica de esta encrucijada, la conclusión se vuelve tan severa como ineludible. Hay una responsabilidad flagrante e histórica en los gobiernos cuando aplican políticas públicas selectivas que desfavorecen de manera directa a las clases medias y bajas, desmantelando los derechos elementales de los trabajadores, mientras favorecen con privilegios y exenciones extraordinarias a los estratos sociales concentrados; esos que habitualmente se enriquecen a expensas de las mayorías y que, en vez de agradecer, son muchas veces quienes irradian un profundo desprecio hacia los sectores desposeídos. Yque favorecen también a los extranjeros poderosos, entregándoles nuestros recursos y nuestra soberanía a cambio vaya a saber bien de qué…
Además del análisis y los ejemplos históricos de lo que ocurrió cuando esos vínculos sociales fueron destruídos, nos invito a preguntarnos: ¿cómo reconstruiremos esos lazos rotos en países democráticos cuyos gobernantes gozan del consenso de las urnas y del apoyo de gran parte de la población, aunque pareciera ser que cada vez esa parte es más pequeña y más consciente del daño que esos referentes generan? ¿Cómo sanaremos las heridas colectivas y recuperaremos la capacidad de conectar con el otro si cada vez estamos más más fragmentados?
Si no encontramos la manera, en poco tiempo los lazos los tendremos en los cuellos.
P/Roxana Arazi
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